jueves, 26 de marzo de 2020

Sí, Hubo un Jardín del Edén


Muchos estudiosos piensan que el Edén es solo un mito derivado de varios otros mitos que datan del neolítico superior a la Edad del Bronce entre los otros pueblos de la Mesopotamia y del Levante. Estos mismos estudiosos dudan que el relato bíblico transmite hechos factuales. Por el contrario, yo dudo lo que esos estudiosos dicen porque creo que la razón, iluminada por la fe, nos guía a descubrir hechos tan factuales como la ley de la gravedad o el descubrimiento europeo de América por el navegante Cristóbal Colón.

El Edén existió, creado por Dios al final del último período interglacial hacen 20,000 años o al final del sexto día literal de la Creación como la entendieron los Santos Padres y Doctores de la Iglesia, no importa: el Edén fue un lugar concreto y real “al oriente” de la perspectiva geográfica del escritor sagrado (Génesis 2:8). Fue un lugar que ya no está en este mundo.

La misma palabra jardín en hebreo (pardes) tiene el significado de un lugar cerrado y separado del desorden natural situado afuera del jardín. Un jardín demanda un jardinero, alguien que lo cultive y organice de acuerdo a un propósito.

El Edén fue una especie de excepción general del resto de la creación la cual siguió desarrollándose de acuerdo a sus leyes y naturaleza. El Edén fue la primera estancia situada “aparte” del resto. Recordemos que el significado de la palabra santo en hebreo (kadosh) significa eso mismo, apartar, es decir, apartar del uso mundano un objeto – p. ej. un vaso sagrado – una persona, o un lugar de su uso ordinario para el uso del culto divino dedicado a Dios. El último santo inmensurable y eterno es Dios mismo, situado completamente aparte de todo lo humano, lo mundano y lo natural. Dios es siempre otro y aparte para el escritor bíblico.

El Edén fue entonces una tierra santa, apartada de lo meramente mundano por Dios para su uso y santificada especialmente por Él por su Presencia concreta y manifiesta.