martes, 3 de marzo de 2020

Los límites que Dios le pone a los científicos



Entonces, la convergencia entre la ciencia evolucionaria y la narración bíblica no se logra formulando falsas equivalencias – por ejemplo, diciendo que los seis días de la historia de la creación en Génesis corresponden a eras geológicas, o afirmando que “la separación de las aguas” de la historia bíblica constituye un modelo científico de formación planetaria. La labor científica no opera así.
 
Del mismo modo, no podemos presumir que la narración del Génesis no afecta en nada la narración científica, especialmente cuando hablamos de ética y moral. Para el autor del Génesis, Dios todo lo creó bueno, implantando en cada cosa un orden, un origen y un fin. Cuando llegamos al ser humano, el autor del Génesis nos dice claramente que el ser humano es hombre y mujer y que ambos forman un solo ser y que este ser Dios lo creó a su imagen y semejanza

La ciencia empírica es indiferente a estas realidades las cuales imponen límites morales a lo que los seres humanos pueden hacerse el uno al otro y a lo que ellos pueden hacerle a la creación. Por ejemplo, es obvio que, si la mujer es el complemento del hombre, el hombre debe de respetar la dignidad intrínseca de imago Dei de la mujer y no abusarla, maltratarla, objetivarla, etc. 

Ni tampoco el ser humano debe de abusar el resto de la creación ya que Dios la hizo buena, como un reflejo de su bondad. Ni tampoco el hombre – pero especialmente, el hombre y mujer de ciencia – puede cambiar lícitamente la naturaleza humana de tal modo de que un hombre se convierta en mujer o viceversa, mediante ajustes supuestamente científicos. Con el orden la creación el hombre no debe jugar – si lo hace, lo empezó a hacer tras su caída, no antes.

Seguiremos…