viernes, 28 de febrero de 2020

La creación del ser humano en su contexto científico - III


La Creación de Adán | Miguel Angel | Capilla Sistina | Ciudad del Vaticano
¿Cómo se construye la harmonía entre los portadores de la fe y de la ciencia empírica? Empezando con la confianza mutua.

El asumir que ni los científicos que apoyan la evolución ni el autor del Génesis nos mienten adrede no elimina dudas y cuestiones que surgen en el curso del estudio científico de los hechos que marcan la Revelación, o el estudio teológico de las consecuencias de la cosmovisión científica. Pero sí cambia el punto de partida de las relaciones entre ambos campos del saber ya que estas cambiarían desde la hostilidad y aversión, a la confianza mutua y la amistad. Ante el misterio de la creación, el científico y el teólogo reconocen que no son enemigos, que son compañeros de camino. Su meta es la verdad de las cosas y la excelencia de los seres humanos. Sí, podrán alcanzar conclusiones distintas a las grandes preguntas al final del camino, pero la mayor parte del camino es uno común. Se puede conversar, cambiar impresiones. Lo que hace falta es buena fe entre las partes y reconocimiento que cada cual ejerce la razón que comparten en común como mejor puede.

Ejerciendo esta buena fe y reconociendo la posibilidad de respuestas dispares a preguntas comunes, quiero dar el paso y reconocer que la descripción evolucionaria del desarrollo ancestral del ser humano es la explicación más factible que poseemos de nuestros orígenes. Es la explanación en «cámara lenta» que más se ajusta a la evidencia descubierta por diversas ramas científicas. 

Y sí, el autor humano del Génesis nos dice la verdad de lo que vio en «cámara rápida» y si bien en ambas narraciones el lector aprecia la belleza de las cosas y la razón que las rige, solamente en la narración del Génesis encontramos tanto al Director como al Actor principal quien nos dice que todo lo que Él creó fue bueno.