jueves, 27 de febrero de 2020

La creación del ser humano en su contexto científico - II


The Creation of Man.
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¿Cuál de las dos narraciones son concretamente ciertas, la de la evolución o la de Génesis? Mucha tinta se ha derramado discutiendo y escribiendo respuestas opuestas y sus justificaciones y agrias recriminaciones. Mi respuesta es simple: las dos son ciertas, las dos dicen la verdad. ¿Y cómo lo sé? Porque tanto los científicos que estudian la evolución y el autor – humano – del Génesis han sido honestos. Vieron las cosas de cierto modo y todos narraron lo que vieron con integridad, haciendo uso del lenguaje que tenían al alcance, comunicando a sus audiencias la verdad de lo que vieron. 

Pero, ¿y si uno inventó lo visto, o tuvo una alucinación y el otro no? (Casi siempre esta objeción se le lanza al autor del Génesis y no a los científicos). Mi contestación también es simple: encuentro que el autor del Génesis es tan digno de crédito como los científicos evolucionistas.

Y entonces, ¿qué hacer con las contradicciones? Porque el ser humano no puede ser creado de la arcilla de la tierra directamente de la mano de Dios y haber sido un producto de la evolución que tomó miles de millones de años…

Mi hipótesis es que Dios le mostró al autor del Génesis en un instante la evolución como tal y que el autor del Génesis la describió como pudo, en el contexto vital, cultura, conceptos y lenguaje que tenía al alcance, ajustando la historia a la revelación monoteísta del pueblo de Israel en su momento.

No tengo evidencia empírica para probar esta correspondencia. La evidencia que vislumbro es circunstancial y uno de sus dos presupuestos es la validez de la experiencia religiosa de transmitir la verdad que Dios nos revela para salvarnos, para llamarnos hacia sí. El otro es que Dios es tanto el autor del Génesis y el autor de la evolución, así que no puede haber contradicción entre uno y lo otro. 

Los detalles Él nos los deja para figurarlos nosotros con nuestro intelecto y raciocinio.