viernes, 3 de enero de 2020

Perfil Forense del Demonio



Hermanos y hermanas: ¡feliz año nuevo a todos! Seguimos con nuestra exploración de la naturaleza visible e invisible, construyendo un «perfil forense» del demonio, algo así como un esquema de su psicología.

Trae a tu mente las peores personas que conozcas o te puedas imaginar. Piensa en un traficante de drogas o esclavos, o en Lenín, Stalin, Hitler, Mao, o en los Nazis, el Estado Islámico o el Khmer Rojo. Trae a tu mente un violador de menores, de mujeres que después los mata o los canibalice. Piensa en alguien que es un clérigo satánico abiertamente, o que se oculta bajo ropajes de clérigos cristianos. Piensa en un asesino en serie o de masas, no importa que use armas de fuego, cuchillos, o campos de concentración. Recuerda a una persona, tal vez a un psicópata, que te hizo mucho daño físico, mental y emocional. Piensa en un cura que viola niños o en gente de sexualidad pervertida o en los que cometen los actos más sucios y degradados. Júntalos todos en un solo ente y solamente tendrás una fracción de la maldad del demonio quien inspira todos esos actos.

El demonio miente en todo lo que dice. Mezcla un poquito de la verdad con una masa de mentiras para hacer las mentiras más creíbles. Como mantiene su naturaleza angélica, es inteligentísimo y aunque no puede leer nuestras mentes – a menos que uno se lo permita – es el observador y psicólogo por excelencia. Digo yo en son de broma que, si el infierno tuviese una universidad, los departamentos académicos principales serían los de psicología humana y los de estadísticas; el primero para tentar mejor a los seres humanos leyendo sus reacciones físicas, y el segundo para predecir el futuro ya que ellos no pueden. Sólo Dios ve el futuro porque, como aprendimos antes, ya Dios está allí, en el futuro.

Si el demonio pudiera, separaría el alma de toda materia, es decir, mataría a todo lo vivo, especialmente a los seres humanos para quienes quiere una segunda muerte: la muerte a la gracia, el cese de la habitación de Dios en nuestras almas. Esto último es una inversión degradada de nuestra filiación divina, ya que esa segunda muerte nos hace más hijos del demonio que de Dios. Por eso es que el Señor llama al demonio asesino desde el principio.

Gracias a Dios, el demonio tiene un campo de acción bien limitado, por el decreto del mismo Dios y a la gracia de Dios que habita en las almas de los redimidos. El arma principal del demonio es la tentación, las cuales lleva a cabo dentro del ámbito de la voluntad de Dios. El demonio puede actuar de otras maneras con el permiso de Dios, pero aun en esas acciones – la infestación de lugares u objetos, o el hostigamiento y la posesión de personas – su libertad de acción es limitada y su actuar banal, aburrido, sucio y repetitivo.

Recuerda, el demonio es una criatura que Dios creó buena y se hizo malo por sí mismo. El demonio no es igual a Dios, aunque el demonio te quiere hacer pensar lo contrario. Más importante, el demonio es un enemigo derrotado por la Cruz de Cristo. Haz la victoria de Cristo la tuya y no tendrás nada que temerle.