lunes, 13 de enero de 2020

La creación material en su contexto científico III


Lo maravilloso de toda esta creación es que es inteligible, es decir, se le puede entender. Más maravilloso es que nosotros la podamos entender. Somos productos secundarios del universo y por eso, en cierto modo, somos el universo mismo ateniendo conciencia propia y mirándose a sí mismo. Los peces no pueden apreciar el mar en el que nadan, pero nosotros podemos apreciar y describir el universo en que vivimos. Esto lo quiso Dios así.

El universo, desde las cosas más grandes hasta las más pequeñas, obedecen comportamientos por fórmulas físicas, químicas y matemáticas. Esas fórmulas describen, de manera lógica, las relaciones mutuamente interdependientes, entre masas, direcciones, fuerzas y energías que forjan al universo.

Maravilloso también que estas descripciones matemáticas se ajusten tan bien al universo. Estas estarán en las mentes de los científicos, pero de algún modo, son parte de la fábrica misma del orden creado. Los científicos lo que hacen son descubrirlas. ¿Y las leyes de la lógica, que hacen de todas estas ecuaciones algo coherente? También son parte del croquis de la creación y preceden a esta. La lógica precede la creación del universo. Piénsalo bien.

Los hallazgos científicos, una vez se reducen a los temas cosmológicos fundamentales, apuntan hacia la existencia del Dios detrás de la matemática y la lógica del universo. Decir que el universo es un producto del azar es un equívoco, ya que hasta el mismo azar obedece ciertas leyes inmutables de la mecánica cuántica, leyes descritas por las matemáticas avanzadas y circunscritas por las leyes de la lógica.

No hay escape. La creación demanda la existencia de un Creador y a este Creador le llamamos Dios y Padre de Jesucristo nuestro Señor.