miércoles, 8 de enero de 2020

La creación material en su contexto científico I


Georges Lemaître
Antes de discutir la historia bíblica de la creación del hombre, quiero dar un paso lateral y discutir brevemente su creación de acuerdo a los hallazgos de la ciencia. Esa historia es larga y complicada, pero recordemos que lo que la ciencia quiere decir con la palabra «creación» es distinto a como la palabra se le aplica a Dios. En cuanto a Dios, porque Dios es Acto Puro, Dios no ha parado de crear. Su acto de mantener todo en existencia es el mismo en el que Él crea. Dios está creando ahora, en el momento presente. Pero para los científicos, la creación tomó lugar al momento del llamado Big Bang, la gran explosión que dio origen al tiempo, el espacio, la materia y las energías del universo. En cuanto a Dios, el Big Bang es un acto secundario en una larga cadena creativa que tiene como origen a Él.

Todavía sorprende a muchos que el originador de la teoría del Big Bang lo fuese un sacerdote católico, tanto como muchos no saben que Nicolás Copérnico era un clérigo en órdenes menores y el mismo Galileo fuese un católico devoto, antes y después de la famosa controversia que lleva su nombre.

De todos modos, les digo que el originador de la teoría del Big Bang lo fue el sacerdote belga Georges Lemaître. ¿Y por qué un sacerdote católico? Por la misma razón que la ciencia moderna surgió en el occidente cristiano: porque heredamos del judaísmo la noción de un Dios creador separado de la naturaleza, quien le dio al universo la capacidad de moverse por reglas propias; y porque heredamos de los griegos la noción de que estas reglas podían ser estudiadas por la razón humana.

Esa combinación creativa no se dió en otras religiones. Por ejemplo, la religión islámica no concebía que la naturaleza pudiese operar con sus propias leyes, ya que todo era decreto de Dios. Por eso sus matemáticas se estancaron en el álgebra: no pudieron concebir el cálculo infinitesimal.

Otro ejemplo: para los hindúes y los taoístas, Dios es el universo y el universo es Dios, o está tan compenetrado por Dios que no existe una diferencia nocional. Por lo tanto, la ciencia no hace falta para entender el universo, sólo falta ser místico.

Fue el cristianismo católico lo que forjó la ciencia empírica que hoy disfrutamos y que muchos quieren oponer a la fe de la Iglesia y a la Iglesia misma.