lunes, 9 de diciembre de 2019

La Caída de los Ángeles

Rendition of Satan’s attack against God in Milton’s Paradise Lost (1667)

Hay preguntas que abren puertas y otras que las cierran. La revelación que Dios les hizo a los ángeles acerca de la creación inminente del universo material, de su participación directa en este y de la santificación en grado sumo de la mujer que habría de ser su Madre provocaron al menos dos preguntas, semejantes pero distintas en las mentes de los ángeles. Éstas fueron: «¿Por qué vas a hacer eso, Señor?» y «¿Por qué me vas a hacer eso, Dios?» La primera pregunta está dirigida hacia afuera y la segunda, hacia dentro de la mente angélica.

La primera pregunta lleva a una conclusión maravillosa: Dios es humilde, de hecho, Él es la Humildad. La segunda pregunta lleva a más preguntas: ¿Puede estar Dios en un error? ¿No es un error mezclar lo excelso e infinito con lo burdo y material? ¿Y si Dios puede estar en un error, cómo es que Él puede ser «Dios»? ¿Y si Dios no es «Dios» pero solamente un ángel súper poderoso pero un ángel al fin? ¿Qué se cree este «Dios»? ¿Quién se cree Él que puede formular “política pública” en el universo? ¡Que arrogante es este Ser!

A Lucifer, el Portador de la Luz, fue quien más le dolió. «¿Por qué mezclar a Dios con la burda materia?» se preguntó. «¿Por qué no puedo ser yo el Portador de Dios, el teotókos?  ¿Por qué lo tiene que ser una poluta mujer? ¿Por qué tiene que nacer entre sangre y placenta y desperdicio?  Yo soy más digno de portar a Dios que una mujer. Si yo porto a la Luz, entonces yo puedo portar también a Dios». No estoy de acuerdo. Non serviam, no serviré.

La guerra en el cielo acaecería cuando los que respondieron de la segunda manera empezaron a imponer su conclusión a los que todavía razonaban la primera pregunta.