miércoles, 11 de diciembre de 2019

Guerra en el Cielo II

Y cuando me refiero a esos ángeles como «indecisos» no quiero decir que ellos hicieron un examen de dos opciones competitivas como lo haríamos nosotros. Ellos no pensaron “Estar con Dios o contra Él… ¿qué escojo? ¿Qué beneficios trae una u otra opción?"

No fue así. Cuando les llamo «indecisos» quiero decir que algunos no habían alcanzado el fin de su proceso intuitivo. Recuerden que no todos los ángeles piensan a la misma velocidad, como diríamos. Unos ángeles pueden mantener un número mayor de intuiciones y de aprehensiones en su intelecto comparados con otros ángeles. Y el espacio entre una intuición y otra crea un sentido de “tiempo” bien distinto al nuestro ya que el nuestro fluye de la entropía. 

El espacio entre una intuición y otra en la mente angélica marca su “reloj”, su propio «cronómetro». A ese estadio de tiempo angélico se le llama el «evo». Resulta que, en cierto modo, cada ángel tiene un reloj que marca el evo de modo distinto al de otro ángel. 

Así pues, hubo ángeles que llegaron a ser malos de modo más rápido que otros más lentos. Quienes llegaron a ser malos por sí mismos sin ser tentados ahondaron en su mal. Los primeros se pusieron entonces a tentar a los más lentos. 

Repito, todo depende de cómo un ángel dado vio a Dios, si como a su Creador o su injusto oponente. Los buenos empezaron a ahondar en Dios, los malos a deslizarse al mal. Los buenos resistían a los segundos por la gracia y los malos no aguantaban a los primeros porque en ellos Dios se les hacía más manifiesto y la presencia de Dios hiere a los malos.

Cuando las filas de unos y otros se completaron, lo que les quedaba a los ángeles malos era la invectiva, blasfemia, inmundicia, impureza y bajeza que proyectaban ruidosamente hacia los buenos. La guerra llegaba a su punto culminante.