lunes, 2 de diciembre de 2019

Dios Pone a Prueba a los Ángeles II



Cuando Dios creó a los ángeles, Él los creó todos buenos. Al momento de su creación, todos eran inocentes, pero no eran “santos” por naturaleza. La santidad es una gracia y la gracia es un compartir con la esencia de Dios en uno mismo. Los ángeles, es ese momento, no veían a Dios en su esencia. Veían algo de Él, pero carecían de la visión beatífica.

Dios probó el amor de los ángeles porque Dios no quiere autómatas en su servicio: Dios quiere servidores que lo amen libremente. Solamente así tendrían acceso a la visión beatífica, si pasaban la prueba.

Es el consenso teológico de la Iglesia, desde la era de los Padres de la Iglesia hasta el presente, que la prueba de Dios a los ángeles consistió de tres revelaciones acerca del universo material:

  • Primero, que Dios crearía ese universo material y dentro de ese universo, Él crearía un ser que sería un compuesto de lo material y lo espiritual. Más aún, que Dios haría esa criatura “a su imagen y semejanza”, algo que los ángeles, hasta donde sabemos, no tenían.

  • Segundo, que Dios mismo tomaría esa naturaleza material sin dejar de ser Dios y moraría entre esos seres como un amigo, como un igual.

  • Tercero, que, con el propósito de morar entre estos seres materiales, Dios mismo se encarnaría como un bebé en el vientre de una mujer tan humilde, sencilla y pura que los mismos ángeles tendrían que honrarla como su reina. Esta mujer sería teotókos, Portadora de Dios.
Dentro de este esquema divino, Dios se haría hombre para elevar la naturaleza material hacia Sí mismo, de este modo enalteciendo a los humildes (Lucas 1:52b). Dios mismo, quien es la Humildad, se convertiría en siervo de sus creaturas más pequeñas (Mateo 20:26).

Todo esto dio a los ángeles mucho qué pensar…