martes, 19 de noviembre de 2019

La Naturaleza Angélica I


El mundo angélico es fascinante, pero no podría hablar de este tema sin ayuda. Nuestra fe católica le debe mucho a Santo Tomás de Aquino por su poderosa exploración teológica de ese mundo. El autor estadounidense Peter Kreeft es una autoridad contemporánea en este tema. En su libro Angels and Demons: What Do We Really Know About Them? (Ángeles y Demonios: ¿Qué Realmente Sabemos de Ellos?) el Dr. Kreeft nos presenta una destilación de la doctrina de Santo Tomás acerca del tema del mundo angélico. También me ha sido de gran utilidad la obra del sacerdote español P. José A. Fortea, titulada Historia del Mundo Angélico, un ejercicio literario que narra la creación, prueba y caída de los ángeles. El P. Fortea también depende de Santo Tomás pero, ¿quién no?
De todos ellos tomo mis ideas libremente.
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Les decía que los ángeles son incorporales respecto a nosotros, pero materiales respecto a Dios. Eso tampoco es invento mío, es una tesis teológica del teólogo medieval franciscano, Juan Duns Escoto. Como tal, comparados con Dios, el único Espíritu puro, los ángeles son duros como un ladrillo. Es porque son seres creados, parte de la naturaleza y no por encima de ella.
Como carecen de cuerpos, se mueven instantáneamente y como carecen de cerebro, no razonan en etapas porque ellos comprenden las cosas por intuición instantánea, solamente al mirarlas. Y también son parcos al hablar, al menos con los seres humanos. Cuando se nos manifiestan, dicen lo que tienen que decir y se van. No son parlanchines.
Por ejemplo, cuando el arcángel Gabriel se le apareció a la Virgen María, él la llamó llena de gracia. Eso fue como la vió y así la llamó. La conversación, corta y al punto acaba y Gabriel se va.
Téngan esto en cuenta al discernir aquellos que dicen hablar con ángeles hoy día.