jueves, 21 de noviembre de 2019

La Naturaleza Angélica II


Los ángeles no están presentes en todo lugar. Sólo Dios es omnipresente. Y cuando un ángel se presenta en un lugar no debe entenderse en nuestro sentido ordinario ya que los ángeles no ocupan lugar o volumen alguno en nuestro espacio tetradimensional – tres dimensiones de longitud más una de tiempo. 

Antes bien, debido a su naturaleza, los ángeles “contienen” nuestro espacio. Es como si su ser estuviese en una quinta dimensión fuera de las cuatro nuestras y desde allí enfocase su atención sobre los particulares de nuestra realidad. Desde ese punto de vista, el ángel puede acoger espacios limitados de nuestra realidad conteniéndolos dentro de sí mismo.  

Cuando decimos que un ángel está aquí o allá, eso lo logra el ángel enfocando su intelecto a un ser o lugar determinado. Usemos el verbo “mirar” como una analogía. Aclaro que, como toda analogía, “mirar” no es un verbo exacto para aplicar a los ángeles ya que estos no tienen ojos. Pero llamemos ese enfoque atento del intelecto angélico con el verbo “mirar”. Cuando un ángel mira un objeto, se dice que el ángel está allí. Si “mira” de este modo a una persona, se dice que la posee, aunque los ángeles buenos no hacen eso ordinariamente y los malos, muy ocasionalmente y con el permiso de Dios.

Pero los poderes naturales, aumentados por la gracia, de los ángeles buenos, les permite “mirar” o sea, “estar” en al menos dos sitios simultáneamente: en la presencia de Dios y en donde se encuentren. Mientras más exaltado sea un ángel, en más lugares podría estar, pero su sentido individual de la presencia de Dios varía de acuerdo a la gracia de Dios. Eso quiere decir que cada ángel experimenta la presencia de Dios en un modo diferente, pero siempre al máximo de lo que es capaz de experimentar. A lo mejor el ángel más pequeño disfruta a Dios de una manera mayor que la del ángel más avanzado en su naturaleza. Dios concede su gracia de modo diferente y soberano a cada ser racional, de acuerdo a sus designios.