viernes, 8 de noviembre de 2019

Dios es Santo



Nuestro Dios es santo. Nos dice la Enciclopedia Judía que en cuanto a Dios se refiere santidad significa que Dios es inasequible; separado de, o por sobre de, cosas comunes, profanas o sensuales; primero de modo físico y externo y luego en un sentido espiritual: pureza y perfección moral incapaz de pecar. La Enciclopedia Católica añade que santidad connota separación: de lo profano hacia lo divino y sanción: aquello que recibe la aprobación o sello de Dios. 

Tan santo es Dios que la Iglesia lo exalta en la liturgia llamándole santo tres veces: Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt cæli et terra gloria tua.

La santidad de Dios quema. Él es fuego consumidor (Hebreos 12:29). Por eso se le apareció a Moisés bajo la forma de una zarza ardiente (Éxodo 3:1-3). Un fuego intenso siempre atrae la fascinación del ser humano, a la vez que inspira temor. Lo que nos quema de Dios es su santidad. Refulge y brilla de tal modo que a los ojos humanos se nos asemeja al sol.

Dios no puede no ser santo. La pureza y rectitud moral son su Naturaleza. En oposición a la religión musulmana la cual insiste que Dios trasciende la moralidad porque nada lo “ata”, la fe judía y cristiana revelan a un Dios santo, puro e impecable quien demanda lo mismo de nosotros para asemejarnos a Él. Por eso es que en la religión musulmana, Dios no es Amor: Él es Voluntad. En la religión cristiana, Dios es Amor y su Amor Santo lo define. Dios no hace excepciones a sus demandas morales como recompensa, como supuestamente lo hizo con Mahoma.

El Dios verdadero no se contradice ni niega Él mismo su santidad, o se negaría a sí mismo, dejaría de ser Dios.