martes, 26 de noviembre de 2019

Dios Pone a Prueba a los Ángeles I

Si el universo angélico se asemeja al nuestro, la mayor parte de la creación nos es invisible.
No se conoce cuántos ángeles Dios creó. Pero como sabemos que Dios creó un universo material tan inmenso que no se puede describir, los Padres y Doctores de la Iglesia pensaban que el número total de ángeles es astronómico.

Si nuestro universo sienta el ejemplo, podemos pensar en un universo angélico aun mayor. El P. José Fortea, en su obra ficcional titulada Historia del Mundo Angélico,  los imagina formando estructuras sociales más numerosas, grandes y complicadas tras su creación, similares a planetas con sus lunas, sistemas solares, constelaciones, galaxias, conglomerados de galaxias, etc. La creación de su mundo fue un Big Bang de proporciones inefables.

De acuerdo a la enseñanza de los Padres y Doctores de la Iglesia, en la cúspide de la jerarquía angélica, Dios colocó a su obra maestra, al ángel más poderoso y bello de entre todos. En esta etapa conocemos a este ángel como Lucifer o Luzbel: el Portador de la Luz. Más tarde este ángel dará que hablar.

Sigamos. En el principio angélico, Dios creó a los ángeles moralmente buenos. Es decir, sin mácula de pecado, inocentes. Dios también les otorgó la libertad para amarle, o no. Dios no creó a los ángeles como robots a su servicio, si no seres racionales dotados de una libertad de escoger propia a su naturaleza angélica. Eran buenos y puros, pero todavía no eran santos. La santidad de alguien es fruto de la gracia, no de la naturaleza y Dios todavía no los había probado.

Por eso, Dios los puso a prueba porque el amor que no se pone a prueba, es mero antojo. Y es aquí, con el don de la libertad, que la trama de la caída y redención del cosmos que nos lleva a Jesucristo, tiene su comienzo…

lunes, 25 de noviembre de 2019

La Naturaleza Angélica III


Tengamos claro que los ángeles no son “mansos”. No son como los bebés rechonchos que vemos tan a menudo en nuestro arte occidental, sea católico, protestante o profano, mas nunca en el arte cristiano oriental. Los ángeles, cuando se manifiestan visualmente sin tomar forma humana, son recios, fieros. Cuando un ángel se manifiesta sin disfraz, quien los ve saben inmediatamente que es un ángel.
Los ángeles no son nuestros alcahuetes. Ellos viven para servirnos en lo que competa a nuestra salvación. No están atados a nuestros caprichos.
Los ángeles no son nuestras mascotas. En el orden del ser que se extiende desde una partícula elemental, a un átomo, por la naturaleza no viviente, por la viva, por nosotros y hasta Dios, los ángeles ocupan un escalón más alto, entre nosotros y Dios. En todo caso, nosotros seríamos sus mascotas. Que no lo somos alegra a los ángeles buenos y enfurece a los malos.
En este orden o cadena del ser, nosotros encontramos que los ángeles son unos seres fantásticos, seres inmateriales dotados de inteligencia y voluntad. Pero, imagínense cómo nosotros lucimos ante ellos: como frágiles nubecitas de átomos entrelazados en moléculas sumergidos en una alma espiritual e inmortal. ¡Somos polvo cósmico que habla, conoce y ama!
La Escritura nos indica que los ángeles han asumido una forma humana en varias ocasiones. Esa forma es un disfraz, sea porque los ángeles manipulan la naturaleza inerte para este fin, o porque se proyectan a nuestras mentes de esta forma con permisión divina. Enfatizo: aunque los ángeles son materiales respecto a Dios, son incorporales respecto a nosotros.
En el próximo epígrafe hablaremos de la prueba que Dios hizo pasar a los ángeles y qué pasó con los ángeles que la fallaron.

jueves, 21 de noviembre de 2019

La Naturaleza Angélica II


Los ángeles no están presentes en todo lugar. Sólo Dios es omnipresente. Y cuando un ángel se presenta en un lugar no debe entenderse en nuestro sentido ordinario ya que los ángeles no ocupan lugar o volumen alguno en nuestro espacio tetradimensional – tres dimensiones de longitud más una de tiempo. 

Antes bien, debido a su naturaleza, los ángeles “contienen” nuestro espacio. Es como si su ser estuviese en una quinta dimensión fuera de las cuatro nuestras y desde allí enfocase su atención sobre los particulares de nuestra realidad. Desde ese punto de vista, el ángel puede acoger espacios limitados de nuestra realidad conteniéndolos dentro de sí mismo.  

Cuando decimos que un ángel está aquí o allá, eso lo logra el ángel enfocando su intelecto a un ser o lugar determinado. Usemos el verbo “mirar” como una analogía. Aclaro que, como toda analogía, “mirar” no es un verbo exacto para aplicar a los ángeles ya que estos no tienen ojos. Pero llamemos ese enfoque atento del intelecto angélico con el verbo “mirar”. Cuando un ángel mira un objeto, se dice que el ángel está allí. Si “mira” de este modo a una persona, se dice que la posee, aunque los ángeles buenos no hacen eso ordinariamente y los malos, muy ocasionalmente y con el permiso de Dios.

Pero los poderes naturales, aumentados por la gracia, de los ángeles buenos, les permite “mirar” o sea, “estar” en al menos dos sitios simultáneamente: en la presencia de Dios y en donde se encuentren. Mientras más exaltado sea un ángel, en más lugares podría estar, pero su sentido individual de la presencia de Dios varía de acuerdo a la gracia de Dios. Eso quiere decir que cada ángel experimenta la presencia de Dios en un modo diferente, pero siempre al máximo de lo que es capaz de experimentar. A lo mejor el ángel más pequeño disfruta a Dios de una manera mayor que la del ángel más avanzado en su naturaleza. Dios concede su gracia de modo diferente y soberano a cada ser racional, de acuerdo a sus designios.

martes, 19 de noviembre de 2019

La Naturaleza Angélica I


El mundo angélico es fascinante, pero no podría hablar de este tema sin ayuda. Nuestra fe católica le debe mucho a Santo Tomás de Aquino por su poderosa exploración teológica de ese mundo. El autor estadounidense Peter Kreeft es una autoridad contemporánea en este tema. En su libro Angels and Demons: What Do We Really Know About Them? (Ángeles y Demonios: ¿Qué Realmente Sabemos de Ellos?) el Dr. Kreeft nos presenta una destilación de la doctrina de Santo Tomás acerca del tema del mundo angélico. También me ha sido de gran utilidad la obra del sacerdote español P. José A. Fortea, titulada Historia del Mundo Angélico, un ejercicio literario que narra la creación, prueba y caída de los ángeles. El P. Fortea también depende de Santo Tomás pero, ¿quién no?
De todos ellos tomo mis ideas libremente.
* * *
Les decía que los ángeles son incorporales respecto a nosotros, pero materiales respecto a Dios. Eso tampoco es invento mío, es una tesis teológica del teólogo medieval franciscano, Juan Duns Escoto. Como tal, comparados con Dios, el único Espíritu puro, los ángeles son duros como un ladrillo. Es porque son seres creados, parte de la naturaleza y no por encima de ella.
Como carecen de cuerpos, se mueven instantáneamente y como carecen de cerebro, no razonan en etapas porque ellos comprenden las cosas por intuición instantánea, solamente al mirarlas. Y también son parcos al hablar, al menos con los seres humanos. Cuando se nos manifiestan, dicen lo que tienen que decir y se van. No son parlanchines.
Por ejemplo, cuando el arcángel Gabriel se le apareció a la Virgen María, él la llamó llena de gracia. Eso fue como la vió y así la llamó. La conversación, corta y al punto acaba y Gabriel se va.
Téngan esto en cuenta al discernir aquellos que dicen hablar con ángeles hoy día.



lunes, 18 de noviembre de 2019

Dios creador...de lo visible y lo invisible


Icono de la creación del cielo y la tierra, de todo lo visible y lo invisible...

Dios creó todo lo que podemos ver con nuestros sentidos, incluyendo lo que podemos ver o detectar con instrumentos y sensores científicos. Es decir, Dios creó el universo – o el multiuniverso – de cuerpos celestes hasta donde podemos ver y no podemos ver. Todo lo creó Él. Del mismo modo, el universo de lo microscópico, biológico, molecular, atómico y cuántico también Dios lo creó. Lo bien grande y bien pequeño del universo, lo podamos ver o no, Dios lo creó y lo mantiene en existencia. De hecho, el acto creador de Dios se extiende a todo momento presente: Dios lo crea todo de la nada e impide que lo creado caiga en la nada en todo momento.

El mundo angélico

Hay otro aspecto de lo “invisible” al cual dedicaré varios ensayos cortos. Hablo del mundo angélico. No los vemos ordinariamente, pero están ahí, moviéndose y viviendo con una vida espiritual distinta a la de nosotros que necesitamos cuerpos materiales para existir.

La vida espiritual angélica es radicalmente distinta a la de Dios. Comparados con Dios, los ángeles son materiales – pero no corporales. Sólo Dios es puro Espíritu.

Los ángeles son seres personales dotados de inteligencia, voluntad y movimiento. Como carecen de cuerpo material, sus seres son simples. Cada ángel individual es su propia especie y tan distinto uno de otro como el gato es del perro.

No hay igualitarismo entre los ángeles. Su jerarquía es vertical. Hay ángeles que por su naturaleza están mejor dotados en sus cualidades de inteligencia y movimiento que otros, pero no se envidian entre sí – hablo de los ángeles buenos, claro está. Sin embargo, su dotación no prescribe la gracia, ya que el ángel menos inteligente puede tener una vida de la gracia en sí mayor que la del superdotado.

Hasta en esto nuestro Dios nos pasma.

martes, 12 de noviembre de 2019

La Iglesia Católica es más que unas paredes y unas tablas...

Photo courtesy of Crux.com
Los rufianes que vandalizaron la Parroquia de la Asunción en Santiago de Chile cometieron un crimen grave y deshonroso. El mismo le brinda deshonra a su carácter como seres humanos y miembros de una sociedad civil. Hicieron mal y por eso son malos.

Pero ni aun ellos están lejos de la misericordia divina. Son nuestros hermanos descarriados. Como católico les perdono y ruego por ellos.

Como dijo el párroco, P. Pedro Narbona, "La Iglesia no son las paredes, somos todas las personas que queremos un cambio. Tenemos que volver a encontrarnos, tenemos que entender que la violencia no es la forma para solucionar. Yo estoy por reconstruir un concepto de país unido y en paz."

Podrán destruir nuestros templos y hasta quitarnos la vida. Pero la Iglesia vive porque Cristo vive aunque las ovejas descarriadas se revienten de odio.

Dios creador …de la tierra…

Hablamos anteriormente de que Dios creó el cielo. En el credo, esta afirmación es seguida por la tierra. ¿A qué se referían los autores del credo? Primero, a la porción seca del hábitat humano en contradistinción del mar. También se referían a la “tierra” como referencia al polvo, al suelo en donde crecen las plantas. Y hablando de plantas, se referían también por extensión a todos los seres vivos que la habitaban, distintos a los del mar. A través del tiempo, la afirmación credal de que Dios creó “la tierra” se extendió al planeta Tierra en su entereza. Dios creó el “cielo” – las estrellas, los planetas – como también creó la tierra, el mar y sus habitantes. 


Dios compartió su autoridad de las cosas sobre la tierra con el ser humano (Génesis 1:28). El hombre y la mujer habían de tratar los otros seres de la biosfera con el mismo respeto y amor con el que Dios los había creado. Luego no fue así. El pecado lo habría de desfigurar todo. Lo veremos después. 

La tierra entonces es la creatura de Dios. No hay «Gea» ó «Gaia». No hay «Pachamama». La tierra nies una deidad, ni lo son ninguno de sus pobladores. Todos son criaturas de Dios. 

Como lo hiciera antes con el cielo, los autores sagrados demitologizaron la tierra. Nadie es Dios excepto Dios. Ni siquiera el ser humano es Dios. La igualdad entre los seres humanos es radical. Son iguales entre sí, no importa el color de su piel, lenguaje, cultura o proveniencia. Ningún ser humano, o grupo agregado de seres humanos – un pueblo, una nacionalidad, un gobierno, una sociedad – puede reclamar para así un grado de lealtad y sumisión igual a la que le debemos a Dios. 


El primer ídolo en caer durante la creación fue el hombre mismo...