lunes, 28 de octubre de 2019

Dios Creador


La primera cláusula del Credo Niceno-Constantinopolitano que recitamos los domingos durante la Misa proclama: “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.” Sabemos que Dios es el Creador tanto por un dato revelado como por el uso de la razón. Recuerden, Dios no puede no-existir, o no sería Dios.

Sin embargo, la fe nos informa de un dato que la razón no nos dice y es que Dios crea todo por amor, para comunicar su amor, es decir, su Espíritu, fuera de la pericoresis trinitaria. Dentro de Dios, todo es Dios; fuera de Dios, nada es Dios por naturaleza, sólo por reflejo o participación de acuerdo a la gracia, gracia que es Dios mismo comunicándose a sus criaturas racionales.

El acto creativo de Dios no se limita a una “gran explosión” o “Big Bang” en el pasado remoto, comienzo entonces de una vasta red de efectos secundarios que dieron origen al universo y a la vida. El “Big Bang” es de por sí un efecto secundario del acto creativo de Dios.

Recordemos que Dios es “acto puro” y que sus actos no tienen origen fuera de Él mismo, ni punto medio, ni final. Dios está creando ahora mismo, en este mismo instante. El acto con el que Dios mantiene la creación en existencia es el mismo acto de creación. Sin este acto de creación presente, la creación volvería a la nada y cuando digo “nada,” quiero decir exactamente eso: no inteligencia creada, no tiempo, no espacio, no materia, no energía, no campos cuánticos fluctuando en el vacío como pretenden algunos físicos redefinir la “nada”.

Nada es nada y el acto creador de Dios  continúa hasta ahora sustentando la Creación en la voluntad amorosa del Creador.