sábado, 5 de octubre de 2019

Atributos de Dios


Todo ser tiene atributos: el viento, el mar, las rocas, los árboles y las personas. Cuando pensamos en estos atributos, hablamos de su tamaño, peso, color, inteligencia, belleza – o fealdad, enfermedad, locura. Nuestra cultura nos enseña a clasificar las cosas de acuerdo a sus atributos y con ellos, encajonarlos en esos casilleritos que nos inventamos para describir las cosas y la gente.

Dios también tiene atributos, palabras que usamos para describirlo. Decimos que Él es bueno, santo, justo, grande, infinito, poderoso, justo, misericordioso, luminoso, amable, personal, etc. Estas palabras encierran verdades, pero no agotan el ser de Dios. Y es porque en Dios, los atributos son equivalentes a su ser y cada atributo comparte la inmensidad eterna de su Ser. Por eso, no es que Dios sea “bueno”; Él es la Bondad. Él no es “grande”, Él es la Grandeza. No es “luminoso”; Él es la Luz. No es “amable”, Él es Amor.  Y sí, es una persona, pero trasciende la Personalidad. De hecho, Dios es tri-personal, pero de eso hablaremos después…

Más todavía, su Bondad es igual a su Justicia, a su Grandeza, a su Amor, a su Persona, a su Ser. Son lo mismo a Él. Y porque estos atributos se coextienden con su Ser, cuando se aplican a Dios, sus atributos son exclusivos. Es decir, nadie los puede tener excepto por naturaleza – quien los posee, es Dios. O por participación, por gracia y beneplácito divino y esto aplica al resto de nosotros.

Mantén esto en la mente para cuando hablemos de Jesús, quien reclamó para sí los atributos de Dios no por la gracia, pero por su naturaleza. Lo veremos después.

¡Qué grande es Dios! ¡Qué grande es su Amor! Sin extensión, sin medida, sin tiempo ni espacio. Siempre presente, siempre actual, siempre con nosotros.