lunes, 27 de abril de 2020

Mensaje del Cardenal Burke Acerca del Coronavirus

Amados hermanos:

He estado callado últimamente porque he estado ocupado en casa, primero siguiendo la Semana Santa y luego, mi trabajo cotidiano dentro de numerosas limitaciones debidas al Coronavirus.

Dentro de este marco de preocupación general, quiero compartirles un enlace a un mensaje que considero certero y sensible, escrito por el cardenal Raymond Burke desde Roma. Yo uso este mensaje como guía de refelexión ante la corriente pandemia. Espero Uds. también lo encuentren digno de reflexión.

Ya seguiré...

*     *     *

Queridos amigos,
Cardenal Raymond Burke

Desde hace algún tiempo, hemos estado en combate contra la propagación del coronavirus, COVID-19. Por todo lo que podemos decir, y una de las dificultades del combate es que aún queda mucho por aclarar sobre la peste, la batalla continuará por algún tiempo. El virus involucrado es particularmente insidioso, ya que tiene un período de incubación relativamente largo, algunos dicen 14 días y otros 20 días, y es altamente contagioso, mucho más contagioso que otros virus que hemos experimentado.

Uno de los principales medios naturales para defendernos contra el coronavirus es evitar cualquier contacto cercano con los demás. Es importante, de hecho, mantener siempre una distancia, algunos dicen que una yarda (metro) y otros dicen seis pies (dos metros) –lejos del otro, y, por supuesto, evitar reuniones de grupo, es decir, reuniones en las que las personas están muy cerca unas de otras. Además, dado que el virus se transmite por pequeñas gotas emitidas cuando uno estornuda o se suena la nariz, es fundamental lavarse las manos con frecuencia con jabón desinfectante y agua tibia durante al menos 20 segundos y usar desinfectante para manos y toallitas. Es igualmente importante desinfectar las mesas, sillas, repisas, etc., sobre las cuales estas gotitas pueden haber caído y desde las cuales son capaces de transmitir el contagio por algún tiempo. Si estornudamos o nos sonamos la nariz, se nos aconseja usar un pañuelo facial de papel, descartarlo de inmediato y luego lavarnos las manos. Por supuesto, aquellos que son diagnosticados con el coronavirus aquello a los cuales se les ha diagnosticado el virus deben ser puestos en cuarentena, y aquellos que no se sienten bien, incluso si no se les ha diagnosticado que padecen el coronavirus, deben, por caridad hacia los demás, permanecer en casa, hasta que se siente mejor.

Lee la carta completa aquí.

sábado, 11 de abril de 2020

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, A.D. 2020


resurrection icon

Pregón Pascual

Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.
Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.
Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.
Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por rnedio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.
Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.
¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!
Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado!
Vivimos para esta Noche
La muerte no tendrá la última palabra.

miércoles, 1 de abril de 2020

Explicación del don de la inmortalidad que Dios le dio a Adán y a Eva



 Mencioné los cuatro dones que Adán perdió y los repito: la impasibilidad o libertad del dolor; inmortalidad o libertad de la muerte; integridad o completo dominio propio del intelecto sobre los impulsos animales del cuerpo; y conocimiento infuso o la libertad de la ignorancia en materias esenciales a la felicidad.

Es interesante que la Iglesia ha dogmatizado – es decir, enseñado como doctrina vinculante – que la inmortalidad fue dada a la primera pareja y ellos la perdieron al pecar. La realidad de los demás dones perdidos se enseña con diversos grados de certidumbre teológica, pero no son vinculantes como doctrina (Fuente: Fundamentals of Catholic Dogma, por Dr. Ludwig Ott, pp. 103-105).

A primera vista, la doctrina de la inmortalidad original del hombre y la mujer chocan con la preexistencia y coexistencia de homínidos primitivos. También aparenta estar en conflicto con la certeza, dada la abundante evidencia empírica, que la muerte era una realidad concreta antes del advenimiento del ser humano. 

Sin embargo, no es así. Lo que la Iglesia enseña es lo que s. Agustín enseñaba, que la inmortalidad primitiva dada por Dios a Adán no fue la imposibilidad de morir (non posse mori), pero la posibilidad de no morir (posse non mori).  Véanlo abajo.

Podemos entonces concluir, de modo provisional, que la inmortalidad concebida como imposibilidad de morir era condicional a la decisión de la primera pareja de obedecer a Dios y que esta la tenían en potencia al momento de recibir los otros dones. Al pecar – como veremos – perdieron ambos aspectos del don de la inmortalidad y revirtieron a lo que es verdad de toda la naturaleza animal: a la muerte como consecuencia de la entropía.

La enseñanza de s. Agustín respecto a la inmortalidad de la primera pareja.
Fuente: Dr. Ludwig Ott.