jueves, 16 de enero de 2020

"El Verbo del Padre embellece, ordena y contiene todas las cosas"

San Atanasio
Sermón contra los gentiles 40-42
 
El Padre de Cristo, santísimo e inmensamente superior a todo lo creado, como óptimo gobernante, con su propia sabiduría y su propio Verbo, Cristo, nuestro Señor y salvador, lo gobierna, dispone y ejecuta siempre todo de modo conveniente, según a él le parece adecuado. Nadie, ciertamente, negará el orden que observamos en la creación y en su desarrollo, ya que es Dios quien así lo ha querido.
 
Pues, si el mundo y todo lo creado se movieran al azar y sin orden, no habría motivo alguno para creer en lo que hemos dicho. Mas si, por el contrario, el mundo ha sido creado y embellecido con orden, sabiduría y conocimiento, hay que admitir necesariamente que su creador y embellecedor no es otro que el Verbo de Dios.
 
Me refiero al Verbo que por naturaleza es Dios, que procede del Dios bueno, del Dios de todas las cosas, vivo y eficiente; al Verbo que es distinto de todas las cosas creadas, y que es el Verbo propio y único del Padre bueno; al Verbo cuya providencia ilumina todo el mundo presente, por él creado. Él, que es el Verbo bueno del Padre bueno, dispuso con orden todas las cosas, uniendo armónicamente lo que era entre sí contrario. Él, el Dios único y unigénito, cuya bondad esencial y personal procede de la bondad fontal del Padre, embellece, ordena y contiene todas las cosas.
 
Aquel, por tanto, que por su Verbo eterno lo hizo todo y dio el ser a las cosas creadas no quiso que se movieran y actuaran por sí mismas, no fuera a ser que volvieran a la nada, sino que, por su bondad, gobierna y sustenta toda la naturaleza por su Verbo, el cual es también Dios, para que, iluminada con el gobierno, providencia y dirección del Verbo, permanezca firme y estable, en cuanto que participa de la verdadera existencia del Verbo del Padre y es secundada por él en su existencia, ya que cesaría en la misma si no fuera conservada por el Verbo, el cual es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; por él y en él se mantiene todo, lo visible y lo invisible, y él es la cabeza de la Iglesia, como nos lo enseñan los ministros de la verdad en las sagradas Escrituras.
 
Este Verbo del Padre, omnipotente y santísimo, lo penetra todo y despliega en todas partes su virtualidad, iluminando así lo visible y lo invisible; mantiene él unidas en sí mismo todas las cosas, y a todas las incluye en sí, de manera, que nada queda privado de la influencia de su acción, sino que a todas las cosas y a través de ellas, a cada una en particular y a todas en general, es él quien les otorga y conserva la vida.
 
Fuente: El Testigo Fiel.

lunes, 13 de enero de 2020

La creación material en su contexto científico III


Lo maravilloso de toda esta creación es que es inteligible, es decir, se le puede entender. Más maravilloso es que nosotros la podamos entender. Somos productos secundarios del universo y por eso, en cierto modo, somos el universo mismo ateniendo conciencia propia y mirándose a sí mismo. Los peces no pueden apreciar el mar en el que nadan, pero nosotros podemos apreciar y describir el universo en que vivimos. Esto lo quiso Dios así.

El universo, desde las cosas más grandes hasta las más pequeñas, obedecen comportamientos por fórmulas físicas, químicas y matemáticas. Esas fórmulas describen, de manera lógica, las relacionas mutuamente interdependientes, entre masas, direcciones, fuerzas y energías que forjan al universo.

Maravilloso también que estas descripciones matemáticas se ajusten tan bien al universo. Estas estarán en las mentes de los científicos, pero de algún modo, son parte de la fábrica misma del orden creado. Los científicos lo que hacen son descubrirlas. ¿Y las leyes de la lógica, que hacen de todas estas ecuaciones algo coherente? También son parte del croquis de la creación y preceden a esta. La lógica precede la creación del universo. Piénsalo bien.

Los hallazgos científicos, una vez se reducen a los temas cosmológicos fundamentales, apuntan hacia la existencia del Dios detrás de la matemática y la lógica del universo. Decir que el universo es un producto del azar es un equívoco, ya que hasta el mismo azar obedece ciertas leyes inmutables de la mecánica cuántica, leyes descritas por las matemáticas avanzadas y circunscritas por las leyes de la lógica.

No hay escape. La creación demanda la existencia de un Creador y a este Creador le llamamos Dios y Padre de Jesucristo nuestro Señor.

viernes, 10 de enero de 2020

La creación material en su contexto científico II


Imagen de "Campo Profundo" del Telescopio Espacial Hubble.
Los hallazgos científicos del último siglo revelan un universo de tamaño y antigüedad inconcebibles: el segmento observable del universo es 46,000 millones de años luz – un año luz es la distancia que recorre un rayo de luz en un año a una velocidad aproximada de 300,000 kilómetros por segundo, o sea, aproximadamente 9.4 trillones de kilómetros – de diámetro (o sea, 9.4 trillones de kilómetros × 46,000 millones) y su antigüedad es de 13,700 millones de años. ¿Y qué hay más allá del límite visual del universo? Más universo, pero está tan lejos de nosotros y como el universo se sigue expandiendo, nunca veremos más allá de la burbuja de 46,000 millones de años luz. La luz de lo queda más allá nunca nos llegará.

O sea, que nuestro Dios creó en derroche. No todo el universo es para nosotros. Nunca podremos ejercer dominio sobre la creación entera en nuestras circunstancias actuales o previsibles.

Dicen los científicos que hay más estrellas en el universo que granos de arena en las playas de nuestro planeta. Pues, si te imaginas nuestro sol del tamaño de un grano de arena, tal vez nuestro planeta en comparación sería del tamaño de un virus y nosotros, del tamaño de átomos o más pequeños todavía.

Somos muy pequeños, ínfimos comparados con la creación material – y aunque Dios es más «grande» que todo esto, nos creó a pesar de nuestra pequeñez. 

Nuestro sol es una estrella más, de aproximadamente 5 mil millones de años de edad. Se encuentra en su plácida edad mediana. Nuestro planeta Tierra es de al menos 4,500 millones de años de antigüedad y el hombre en sus características modernas – el homo sapiens – lleva viviendo aquí entre 125,000 y 200,000 años. La historia escrita tiene aproximadamente de 5,000 años de antigüedad.

Somos pequeñísimos y recién llegados a un universo que tal vez ni se ha dado cuenta de que estamos aquí – pero Dios, sí.

miércoles, 8 de enero de 2020

La creación material en su contexto científico I


Georges Lemaître
Antes de discutir la historia bíblica de la creación del hombre, quiero dar un paso lateral y discutir brevemente su creación de acuerdo a los hallazgos de la ciencia. Esa historia es larga y complicada, pero recordemos que lo que la ciencia quiere decir con la palabra «creación» es distinto a como la palabra se le aplica a Dios. En cuanto a Dios, porque Dios es Acto Puro, Dios no ha parado de crear. Su acto de mantener todo en existencia es el mismo en el que Él crea. Dios está creando ahora, en el momento presente. Pero para los científicos, la creación tomó lugar al momento del llamado Big Bang, la gran explosión que dio origen al tiempo, el espacio, la materia y las energías del universo. En cuanto a Dios, el Big Bang es un acto secundario en una larga cadena creativa que tiene como origen a Él.

Todavía sorprende a muchos que el originador de la teoría del Big Bang lo fuese un sacerdote católico, tanto como muchos no saben que Nicolás Copérnico era un clérigo en órdenes menores y el mismo Galileo fuese un católico devoto, antes y después de la famosa controversia que lleva su nombre.

De todos modos, les digo que el originador de la teoría del Big Bang lo fue el sacerdote belga Georges Lemaître. ¿Y por qué un sacerdote católico? Por la misma razón que la ciencia moderna surgió en el occidente cristiano: porque heredamos del judaísmo la noción de un Dios creador separado de la naturaleza, quien le dio al universo la capacidad de moverse por reglas propias; y porque heredamos de los griegos la noción de que estas reglas podían ser estudiadas por la razón humana.

Esa combinación creativa no se dió en otras religiones. Por ejemplo, la religión islámica no concebía que la naturaleza pudiese operar con sus propias leyes, ya que todo era decreto de Dios. Por eso sus matemáticas se estancaron en el álgebra: no pudieron concebir el cálculo infinitesimal.

Otro ejemplo: para los hindúes y los taoístas, Dios es el universo y el universo es Dios, o está tan compenetrado por Dios que no existe una diferencia nocional. Por lo tanto, la ciencia no hace falta para entender el universo, sólo falta ser místico.

Fue el cristianismo católico lo que forjó la ciencia empírica que hoy disfrutamos y que muchos quieren oponer a la fe de la Iglesia y a la Iglesia misma.